—No; si yo no soy quien lo dice, ni me pasa por el magín. Pero la gente de esta casa... Ya ves, ¡hay tanto pillo! Y cuando tocan á pensar mal, los más pillos son los que descueran al inocente.
—Pues aunque Víctor es mi yerno, tan ajeno soy á sus trapacerías, que si en mi mano estuviera el impedirle ir á presidio, no lo impediría... Figúrate.
—¡Ah! No irá, no irá; no te dé cuidado. No irá por lo mismo que lo merece. Tiene pararrayos y paracaídas. Se están poniendo los tiempos tan corruptos, que estos granujas como tu yerno son los que cobran el barato. Verás cómo le echan tierra al expediente, aprueban su conducta y le dan el jeringado ascenso. Por cierto que es de lo más atrevido que conozco. Ayer estuvo aquí; luego bajó á ver al Subsecretario, y como tiene aquella labia y aquel buen ver, el Subsecretario... (me lo ha dicho quien estaba presente) le recibió con palmas, y allí estuvieron los dos de cháchara más de media hora.
—¿Y el señor Ministro le ha visto? (con grandísimo desconsuelo).
—No te lo puedo decir; pero me consta que ha venido á recomendárselo un diputado de la provincia en que servía la alhajita de tu yerno. Es de estos que mientras más le dan más quieren. No sale de aquí nunca el tal sin apandar dos ó tres credenciales gordas, pero gordas, y eso que es disidente; pero por lo mismo, por la disidencia, le atienden más.
—¿Crees tú que le darán el ascenso á Víctor? (con ansiedad profunda).
—Yo no puedo asegurarte nada.
—Y de lo mío, ¿qué sabes? (con ansiedad mayor aún).
—El Jefe del Personal no suelta prenda. Cuando le hablo de ti, me echa un veremos, y un yo haré lo que pueda, que es tanto como no decir nada. ¡Ah! entre paréntesis: ayer, después de hablar con el Subsecretario, se coló Víctor en el Personal. Vino á contármelo el hermano de Espinosa. El Jefe le enseñó las vacantes de provincias, y tu yernito se dejó decir con arrogancia que á provincias no iba ni atado.
—Amigo Ventura—indicó Villaamil con dolorosa consternación,—acuérdate de lo que te anuncio. Tú lo has de ver, y si lo dudas, apostemos algo... ¿Á que ascienden á Víctor y á mí no me colocan? Otra cosa sería justicia y razón, y la razón y la justicia andan ahora de paseo por las nubes.