—Como si lo viera, hombre, como si lo viera... Todo lo que sea un disparate tiene aquí su fundamento. Francamente, el D. Antonio tendrá mucho pesquis, pero no se le conoce... Digo, cualquiera que estuviese en su puesto, me parece á mí que lo había de hacer mejor.
—¡Pues claro!—dijo el caballero de Felipe IV atusándose el bigotillo embetunado.—Y si no, figúrese usted que los que estamos aquí formamos un Ministerio. Villaamil, Presidencia; Espinosa, por la buena lámina, iría á Estado á poner varas á las diplomáticas.
—Y que las hay de buten. Á Guillén le encajamos en Guerra.
—¡Madre de Dios! ¡Un cojo en Guerra! Mejor es en Marina.
—Sí, para que reme con las muletas.
—Ó por lo que tiene de tortuga—dijo Argüelles, que no perdonaba ocasión de tirar una china al cojo.—Y para mí, venga la carterita de Gobernación.
—Clavado. Para que pueda colocar de temporeros á su cáfila de hijos, los de teta inclusive.
—Y para que expida una Real orden mandando que se toque la trompa en todos los entierros. ¿Y Hacienda, señores?
—Hacienda, Villaamil, con la Presidencia.
—¿Y qué le damos al insine Pantoja?