—Ya sale... —dijeron los cortesanos.

—Corramos al salón.

Y aquello no fue correr, sino volar a la desbandada.

—¿No vienes al salón? —me preguntó el diplomático.

—¿No ve usted que no vengo de etiqueta?

—Es verdad; pero tú... Te advierto que el Emperador se marcha. ¿Acaso vienes a hablar con el Rey José?

—Yo no quiero ver al Emperador esta noche —le respondí—. Aunque él me trata con bastante intimidad, y solemos jugar un poco al tute...

—¡Al tute!... hombre... Eso sí que no lo sabía.

—Sí... Pues decía que aunque tenemos mucha confianza, y nos tratamos como dos amigos, no puedo presentarme así en el salón cuando los demás van de etiqueta. Usted no irá tampoco...

—¡Oh, sí! Yo voy al salón... Porque te advierto que el Emperador al entrar me miró, y después preguntó quién era yo. De modo que ahora...