Estas dos opiniones dieron pie a una acalorada disputa que no copio porque nada sacarían de ella en limpio mis lectores, toda vez que es público y notorio que en lo que va de siglo, la historia, la grave y cachazuda historia, no ha podido dilucidar la cuestión planteada por aquellas dos niñas, y aun hoy andan a la greña eminentes escritores por averiguar si decía verdad la mayor o la menor de las hijas de Doña Melchora.

Salmón, consumido su chocolate, dijo:

—Conque, amiguitos, ¿me dan ustedes su venia para retirarme?

—¿Tan pronto, Padre? ¡Que siempre nos ha de tener Vuestra Reverencia con hambre de su compañía!

—Bastante os acompaño, hijitas mías.

—Pues siempre nos sabe a poco.

—Ya sabéis que tenemos en casa desde esta tarde octava misión y solemnes cultos para desagraviar a Jesús Nazareno y a María Santísima de los sacrílegos insultos que han sufrido, en nuestros templos, de los impíos ejércitos franceses, e implorar de la Divina Misericordia que robustezca y ampare a nuestros soldados, y conserve y dirija en todos los negocios a los que nos gobiernan. Después habrá procesión a la Virgen de la Paloma, patrona de todo el majerío. ¿Pero no lo sabíais, pajaritas volanderas? Por supuesto, que no faltaréis el día que me toque predicar.

—Antes faltará la tierra y prados en ella, como dijo el otro.

Y estaba en pie para retirarse el Padre mercenario, cuando el Sr. de Cuervatón, que poco antes había sido llamado de su casa, donde le esperaba una visita, volvió dando voces; y lleno de cólera, que en los ojos con fulminantes rayos le centelleaba, habló así:

—¡No sé cómo no le ahogo!... ¡Vaya con el lindo currutaco, harto de ajos!... ¡Cuando creí que vendría a pagarme, viene a pedirme más dinero!... ¡Y ahora sale con que su señora mamá es muy rica! Miserable, pringoso, vestido con harapos de príncipe, ¿por qué esa señora no reventó antes que os pariera?