—Así debe de ser. ¿Y el Sr. D. Gabriel, de dónde viene?

—Eso lo dirá el Becerro. Ahora veo que este señor de Araceli no es cualquier cosa, y aquí en dos palotadas hemos encontrado robustas columnas donde apoyar la grandiosa fábrica de su alcurnia. Pero hablando de otra cosa, Sr. de Araceli, ¿quién me abonará los gastos de la saca de ejecutoria? ¿Usted o la persona que me ha dado el encargo de hacer estas diligencias y de ofrecer el dinero?... Porque los gastos no son una bicoca. Además, esta comisión tan bien desempeñada, ¿no merece alguna recompensa? Yo creo que la dará la señora Con... quiero decir, la Junta central, que es quien aquí me ha enviado.

—Más vale que el señor licenciado no se tome el trabajo de revolver papeles ni pintar árboles; pues yo no se lo he de pagar, y ese dinero que me ofrece tampoco lo he de tomar.

—Eso sí que no lo consiento —manifestó Doña Gregoria—. No ha de ser así. Santiago, oye lo que dice este porro.

—Usted lo meditará mejor —dijo el leguleyo levantándose—. En cuanto a mí, espero ganar algo en estos jaleos, porque, amigo mío, ¿cómo se da de comer a diez hijos, mujer y dos suegras? Dentro de unos días volveré a traer a usted el nombramiento, y un poco más tarde la ejecutoria. Y en cuanto al dinero, con ponerme dos letritas...

—Bueno —respondí, considerando que me convenía disimular por de pronto mis intenciones—. Yo haré lo que me parezca, y nos veremos, Sr. D. Severo.

—Adiós, mi querido e inolvidable amigo —dijo deshaciéndose en cumplidos—. Que esto sirva para estrechar más los lazos de la dulce amistad que desde ha tiempo nos profesamos.

—Sí, desde el Escorial.

—Justamente. Desde entonces le eché el ojo al Sr. de Araceli, y comprendiendo sus excelentes prendas, lo diputé por grande amigo mío. Venga un abrazo.

Se lo di, y fuese tan satisfecho. Entre tanto, habían acudido a casa del Gran Capitán los vecinos, traídos todos por el olor de mi estupendo destino y del encumbramiento novelesco, que ninguno quiso creer si Doña Gregoria no lo jurara en nombre de todos los Conejos de Navalagamella.