—¿Y muertes? ¿Habrán sido ochenta mil muertes?
—Dos nada más, una por venganza, pues me ofendieron; otra porque me acosaba el hambre. Éramos tres los que...
—Las malas compañías no han traído nunca cosa buena. Y qué, ¿al mirar para atrás y representarte tus delitos, sientes satisfacción de haberlos cometido?
—No, señor.
—¿Los miras con indiferencia?
—Tampoco.
—¿Sientes pena?
—Sí, señor... A veces, un poquito de pena nada más... Vienen los otros, y pensando todos en cosas malas, la penita se me borra... Pero otras veces la pena es grande..., y esta noche, grandísima.
—Bien. ¿Tienes madre?
—Como si no la tuviera. Mi madre es muy mala. Por robo y muerte de una criatura, hace diez años que está en el presidio de Alcalá.