—No, que es tarde —dijo Ándara, disipada ya su displicencia—. Si nos descuidamos, no llegaremos de día.

—De día es ya imposible. Gracias que lleguemos a las nueve... Y esta noche, buena cena: bellotas al natural.

—Aquellos sinvergüenzas nos limpiaron de veras. ¡Ah, si yo les cojo...!

—No injuries, no amenaces... Ea, ya esta se despierta. Vámonos. En marcha.

Antes de las nueve, subían fatigados hacia el castillo, y arriba se tendieron a la fresca. Ninguna molestia les había de ocasionar aquella noche el hacer la cena, porque no tenían más provisiones que las bellotas, las cuales fueron servidas inmediatamente, y devoradas con la salsa de la necesidad más que del apetito. Y cuando empezaban a dar gracias a Dios por la frugal colación que les había deparado, oyeron ruido de voces hacia la base del monte, en la vecindad del pueblo. ¿Qué sería? Y no eran dos ni tres los que hablaban, sino mucha, mucha gente. Asomose Ándara a la saetera y, ¡Virgen Santísima!, no solo oyó el ruido más tumultuoso, sino que vio un resplandor como de hoguera que subía, subía también con las voces.

—Viene gente —dijo a sus compañeros, poseída de pánico—. Y traen hachos, o teas encendidas... Oigan el murmullo...

—Vienen a prendernos —balbució Beatriz, a quien se comunicaba el terror de su compañera.

—¿A prendernos? ¿Por qué? En fin, pronto lo sabremos —dijo don Nazario—. Sigamos rezando, que lo que fuere sonará.

Él rezaba, porque su enérgica voluntad a todo sentimiento se sobreponía; pero ellas, azoradas, inquietas, temblorosas, no hacían más que correr de aquí para allá, y tan pronto pensaban huir como gritar pidiendo socorro... ¿Pero a quién, a quién? El cielo no tenía trazas aquella noche de querer defenderlos, ocultándolos con una gasa de niebla.

Y el tumulto subía, con el siniestro resplandor de los hachos. Ya se oían las voces más claras, y risas y chacota; ya se entendían algunas palabras. Venían hombres, mujeres y chiquillos, y estos eran los que alumbraban con manojos de escajo seco, dándose y quitándose la lumbre, con algazara de noche de san Juan.