Leonor.

De buena lata te has librado. Mira, chiquío, conviene que tomemos soleta antes que se nos plante aquí algún punto fuerte.

Federico.

Sí; ¿te parece que almorcemos en un sitio reservado, en un bodegoncito, donde nos sirvan cordero ú otro plato español de los que á ti tanto te gustan?

Leonor.

¡Ah, pillastre! Te avergüenzas de que te vean conmigo, y buscas un sitio solitario para esconderte. Bien; iremos á casa de Botín, el de la Cava.

Federico.

No; es que...

Leonor.

Te veo, besugo... Tu señora, quienquiera que sea, estará celosa, y puede que te ande buscando las vueltas.