Augusta.
Será con su cuenta y razón. Empiezo á preguntar. Primero: ¿por qué has tardado tanto hoy?
Federico.
¡Dale!... Cosas mías; asuntos que no pueden interesarte.
Augusta.
¿Cómo no han de interesarme tus asuntos? ¡Qué herejías echas por esa boca! Si el amor tuviera su Inquisición, serías tú condenado á la hoguera por las atrocidades que dices contra el dogma... Yo no debí escribirte hoy. Repito que ha sido una flaqueza mía. ¡Anoche no dormí pensando en tus traiciones!...
Federico, riendo.
Pero sepamos cuáles son mis traiciones. No me he enterado de ellas todavía.
Augusta.
Hazte ahora el tonto. Esa mujer indigna, á cuya casa vas con tanta frecuencia...