Federico, malhumorado.

Bárbara, llévate este chiquillo, que molesta.

Bárbara, aparte.

Tan pronto se entusiasma con las criaturas como se cansa de ellas. ¡Ay!, de todo se cansa. (Tratando de coger al chiquillo, que grita, patalea y se resiste á pasar á sus manos.)

Federico.

Fefé, no seas malo. Vete con tía Bárbara.

Viera.

Prefiere estar con nosotros. El angelito gusta de la sociedad. Ea, dámele acá. (Le toma en brazos.) Conmigo. ¡Qué bien! Mira qué contento. Tú eres de casta de señores. Bárbara, puedes marcharte y que nos den pronto de almorzar. Dispongo de poco tiempo, y hay mucho que hacer esta tarde. (Sale Bárbara.)

Federico.

¿Qué ocupaciones son esas, dí? Por Dios, yo te suplicaría..., yo te agradecería mucho que dejases en paz á Orozco. Es un hombre excelente.