Viera, zarandeando al niño y haciéndole cabalgar sobre sus rodillas.
No niego su excelencia; pero que me la pruebe pagando lo que debe... Anda, caballo...; agárrate, valiente.
Federico.
¿Pero qué crédito es ese? Sin ofenderte, yo dudo mucho que sea un crédito real y efectivo.
Viera, con socarronería.
Buena idea tienes de mí. Aquí no entendéis de negocios, y rendís homenajes demasiado serviles á la delicadeza, madre del no comer y amparadora de la insolvencia. Los negocios son negocios, y se tratan con la crudeza que enseñan los números, lo cual nada quita á las efusiones de la amistad.
Federico, inquieto.
Cuéntame, ¿qué diantre de negocio es ese?
Viera.
Una deuda.