Aunque no quieran ustedes, tendrán que protegerle, porque es de los que se meten por el ojo de una aguja, y sabiendo que aquí hay buenos corazones, no tardará en llamar á esta puerta. Por si no cuaja lo de oficial quinto, quiere entrar de tenedor de libros en una casa de banca. De ello me habló también, rogándome..., ya ven ustedes como no pierde ripio..., que intercediera con el Sr. de Orozco para que éste le recomendara á Trujillo y Ruiz Ochoa, en cuyo escritorio hay, según parece, una vacante de tenedor.

Orozco.

Sí que la hay; pero no seré yo quien le recomiende...

Augusta, con gracejo.

Tomás de mi vida, no te me hagas el feroz tirano.

Orozco.

¡Pero hija de mi alma, si ya he recomendado á tres..., á tres!

Infante.

Yo, no sólo prometí hablar con interés al amigo Orozco, sino que invité á Santana á que viniera á verle...

Orozco.