Ángel de Dios, ¿le parece á usted que no tengo ya bastantes jaquecas?

Infante.

Es que yo quiero que conozca usted á este rey de las hormigas.

Orozco.

¿Para qué, si no puedo hacer nada por él? Dígale usted que no se moleste.

Infante.

Ya será tarde; porque, ó mucho me engaño ó ese es de los que obran rápidamente y detestan el mañana. Hoy le tendrá usted aquí.

Orozco, benévolamente.

Mi casa es un hospicio, y no puedo verme libre de postulantes, que me marean pidiéndome lo que darles no puedo: éste una credencial, el otro una fianza, aquél dinero para salir de un apuro, el de más allá ropas usadas; y no falta quien me pida billetes de teatro, ó una recomendación para obtener la cruz de Beneficencia. La suerte mía es que cantando se vienen y cantando se van.

Malibrán.