ESCENA V
Los mismos, menos Orozco.
Augusta.
¿Pero ustedes se han creído que le va á echar á cajas destempladas?
Malibrán.
¡Cómo he de creer yo tal cosa! Felicitemos á nuestro protegido, porque le está cayendo el maná.
Augusta.
Si Tomás dice que no hace nada por él, no le lleven ustedes la contraria. Finjan más bien creer que le ha echado por la escalera abajo. I promesi sposi están de enhorabuena. No les faltará pan para sus hijitos, y seguramente tendrán uno cada año, porque estos matrimonios ilusionados, que se afanan por el nido antes de tenerlo, son horriblemente fecundos.
Malibrán.
Lo que á mí se me ocurre, señora mía, es que con estas filantropías van ustedes á perder á uno de los amigos más leales y consecuentes. Federico, cegado por la soberbia, dirá: «El amigo de mis enemigos es mi enemigo.»