Augusta.
Ya lo tengo... ¡Ah!, vaya si lo tengo. Conque, Infantito de mi vida, ¿me quieres hacer un favor? Te lo agradeceré mucho.
Infante.
Pide por esa boca.
Augusta, con zalamería.
Que te marches, y perdona la grosería. Quiero estar sola con mi marido.
Infante.
El egoísmo matrimonial es tal vez el más respetable. Me sacrifico, hija, me sacrifico á tu deseo, y te ofrezco mi ausencia como el más fino de los homenajes. (Le estrecha la mano.)
Augusta.
Oye, Infantito mío: para que tu fineza sea colmada y yo tenga algo que añadir á la gratitud que te debo, llévate á Villalonga.