Infante.
Si no quiere irse por su pie, me le llevaré á cuestas.
Augusta.
Gracias. Vales un imperio.
Infante, á Villalonga.
Eso es, entreténgase usted charlando, y la comisión de reforma del catastro sin poderse reunir por falta de vocales.
Villalonga.
Tiene usted razón. Vamos allá. (A Augusta.) Patrona, ¿será usted tan buena que me deje marchar?
Augusta.
No debiera hacerlo. Por mi gusto le pondría á usted habitación en esta casa, y no le permitiría salir sino para dar un corto paseíto higiénico... Pero como se trata del catastro, que es una cosa muy buena, no quiero que me llamen rémora; no debo ser obstáculo á los progresos de la administración, y le doy á usted permiso para que se largue con viento fresco, cuanto más pronto mejor. (Villalonga é Infante se despiden de Augusta. Un criado entra y habla en voz baja con Orozco.)