Augusta.
Ya está ahí. Tenemos el cometa en casa. Tomás, por Dios, mucho pulso. Contente. Pon frenos y más frenos á tu bondad. Trátale como merece. (Para sí.) ¡Dios mío, qué intranquila estoy, y qué extraños, qué indefinibles temores me acechan en las revueltas de mi conciencia!
ESCENA VII
Despacho en casa de Orozco.
Orozco, Joaquín Viera.
Viera, abrazándole con efusión.
¡Tomás de mi alma!...
Orozco.
Joaquín.
Viera.