¡Oh!, no; te lo juro. Cree que siento en este instante una pena...
Orozco.
¿Por qué?
Viera.
Por lo desagradable del asunto que aquí me trae... Pero no creas; también yo, con auxilio de mi razón, sé rehacerme y quitar á la pena todo fundamento lógico, poniendo el acto este en su verdadero terreno. Vamos á ver: si yo te asegurase que el asunto que aquí me trae me parece, cuando pienso mucho en él, que envuelve un vivo interés hacia ti, ¿qué dirías?
Orozco, riendo.
Pues diría que me parece una cosa muy rara, y que sería preciso que me lo probara usted para creerlo.
Viera.
Te lo probaré, si tú me ayudas con tu buen juicio y tu manera amplia de ver las cosas. El criterio vulgar diría que yo vengo á molestarte. Si tú no fueras quien eres, lo creerías así. Siendo Tomás Orozco, no lo puedes creer.
Orozco.