Para que yo forme juicio, lo principal es que sepa claramente de qué se trata.

Viera.

Paciencia, amigo mío, paciencia. Eres un hombre superior. Si yo no lo supiera por mi observación directa, lo sabría por la fama de que gozas. (Enfáticamente.) Inteligencia clara, puntos de vista elevados, conocimiento de la realidad, ideas tolerantes; además, gran corazón, abierto siempre á la indulgencia y á la piedad; honradez á toda prueba, sentimiento vivo del decoro y de la posición, aptitud grande para ver lo íntimo de las cosas...

Orozco, interrumpiéndole.

Basta, basta de incienso.

Viera.

Concluyo...; ya sé que el incienso te asfixia. Lo empleo como argumento para decirte que siendo tú quien eres, la conciencia más pura que hay bajo el sol, no has de tolerar nada contrario á la ley, ni has de convertir en provecho tuyo la propiedad ajena; en suma, que has de tener á gala y orgullo el devolver á sus verdaderos poseedores lo que ilegítimamente, por olvido ó negligencia, no por malicia, está en tu poder.

Orozco, agriamente.

¿Y qué es eso que no me pertenece, y que yo retengo en mi poder? Sepámoslo.

Viera, con la mano sobre el pecho.