¿Dudas de mi palabra?
Orozco.
¿Pues no he de dudar?
Viera.
Pues mi palabra sola te ha de convencer, sin necesidad de apelar á la prueba legal. Quiero darme el gusto de que te persuadas por lo que yo te diga, porque tus dudas acerca de mi lealtad me lastiman profundamente. Escúchame: ¿Te acuerdas de las obligaciones de Proctor y Barry?
Orozco, reconcentrando sus ideas.
Sí que me acuerdo. Todas fueron canceladas, parte hace diez años, parte hace cinco. Sobre esto no tengo duda.
Viera.
Todas menos una, Tomás; aguza la memoria. No se diga que estoy más enterado de tus asuntos que tú mismo.
Orozco.