¿No reconoces la legalidad de la deuda?
Orozco.
La reconozco; pero la declaro prescrita.
Viera, desconcertado.
Reflexiona, Tomás; no te arrebates... Piensa en la sentencia aquella del Supremo. Benjamín pleiteará, y te verás metido en un lío espantoso, y perderás con costas.
Orozco, paseándose y mirando al suelo.
Lo veremos. La cuestión es muy problemática, pues podremos sostener que la sentencia del Supremo sólo comprendía las obligaciones de la serie D.
Viera, clavándole la mirada.
Eso no puede sostenerse, Tomás; eso es absurdo. Reconoce la lealtad de la intención con que me presento á ti, y confórmate con el arreglo que te propongo.
Orozco.