Tú harás lo que gustes, y podrás sostener, en lo referente á pago de deudas, ese criterio tan distinto de tus ideas de toda la vida, y que no es, por más que digas, el criterio de la mayoría de los hombres de negocios. Yo he cumplido contigo. Fracasadas mis gestiones conciliadoras, te entenderás con Benjamín Proctor, que inmediatamente entablará la acción contra ti.
Orozco, resueltamente.
Ese señor hará lo que le acomode, y yo también, y si quiere pleitear, que pleitee, pues el asunto no es claro ni mucho menos.
ESCENA VIII
Los mismos. Augusta, que entreabre cautelosamente la puerta del foro y permanece indecisa, escuchando, sin atreverse á entrar.
Augusta, para sí.
Mi marido alza la voz. No puedo vencer mi curiosidad. ¿Entraré? No me atrevo. Parece que el cometa lleva la peor parte, y que no se sale con la suya. Su cara revela contrariedad, la rabia del reptil que se siente pisado.
Viera, con sofocada ira.
¡Ay! Mi situación es sumamente penosa, pues si tú no fueras quien eres, un amigo de toda la vida, casi un hijo para mí, yo te diría lo que pienso acerca de esa singular manera de entender el derecho y de apreciar la oportunidad para el pago de deudas sagradas.
Orozco.