¡Qué hombre! Cuéntame. ¿Qué te proponía? Yo rabiaba de curiosidad, y abrí un poco la puerta. Pero no pude enterarme bien... Creí entender algo de una obligación olvidada.
Orozco.
De las que llamamos Proctor y Barry.
Augusta.
¿Pero es legítima? Porque ese pillo sería capaz de falsificar la escritura como falsifica los sentimientos.
Orozco, pensativo.
Es legítima. No creas que me pesa su descubrimiento. Puesto que la obligación existía, vale más que se presente de una vez. Tengo la seguridad de que no hay ninguna otra. Respecto á si ha prescrito ó no, puede haber dudas, y de fijo un abogado travieso, con el sin fin de leyes y disposiciones que rigen sobre la materia, encontraría fundamentos legales en que apoyar la no cancelación.
Augusta.
Yo temí que tu bondad te llevara á transigir; recelé que tus escrúpulos de conciencia pudieran más que el sentido práctico de la justicia. Pero he visto con gusto que por esta vez has puesto á un lado tus filosofías, y que te resistes á pagar una deuda prescrita.
Orozco, después de una pausa.