ESCENA III
Los mismos. Manolo Infante entra en el salón y lo recorre, observando con precaución. Atisba por la puerta de la izquierda.
Infante.
Está en la sala japonesa con Cícero, Villalonga y no sé quién más. Malibrán ha comido aquí hoy. ¿Se habrá marchado ya? Probablemente; es de los invitados esta noche por la Peri... (Mirando por la puerta que da á la sala de juego.) ¡Ah!, no; está haciéndole la partida á Cisneros, y dejándose ganar. ¡Cómo le adula fingiendo creer que son de grandes maestros las tablas viejas y podridas que el otro compra en el Rastro, y soportando sus tresillos!... Por allí suena la voz de Villalonga diciendo graciosos disparates... Y Orozco ¿dónde andará? Oigo el chasquido de las bolas... Huyamos por esta noche de los carambolistas. A Federico no le veo ni le oigo; pero no ha de tardar. Observaremos...
Monte Cármenes, que sale del billar y atraviesa la sala de juego y el salón.
Dios le guarde.
Infante.
A la orden, mi Conde.
Monte Cármenes.
¿Qué ha habido esta tarde?