De acuerdo con ella, porque he de convencerte, y en vez de tener en ti una censora impertinente, tendré un apoyo decidido. Ven acá. Siéntate aquí. (Se sientan ambos.) ¿Hay mayor gloria, hay dicha mayor que poder realizar un acto, en el cual resplandezca ese ideal de justicia que rara vez se nos ofrece en el mundo en condiciones fácilmente practicables? Hablo con una persona que sabe elevarse sobre las ideas y las pasiones del vulgo, y me parece que seré comprendido. Si no, peor para ti.

Augusta.

Hasta ahora, no entiendo ni pizca.

Orozco.

Esta aparición del cometa Viera es un hecho feliz, dispuesto para la rectificación de uno de esos errores ó anomalías de la existencia humana que nos hacen dudar de la Providencia. Vemos cosas en el mundo, que parecen organizadas por el mal y para el mal; injusticias que por su enormidad repugnan á la razón y al sentimiento; los perversos imponiéndose á los honrados, y obligándoles á dejar de serlo; los de condición benigna incapacitados de obrar bien, por las influencias que les rodean. No desconocerás el poder y la importancia de los bienes materiales en el orden de la vida. Las materialidades mal repartidas, como por desgracia lo están, trastornan y aniquilan el bien espiritual; y así, cuando se consigue rectificar, siquiera sea mínimamente, esta calamitosa distribución del bienestar positivo, se presta á la humanidad un servicio inmenso.

Augusta, para sí.

No estoy segura de comprender adonde va á parar con esto. ¿Tiene algún sentido lo que dice, ó es una sinrazón, una efervescencia del talento descompuesto? (Alto.) Querido, lo que dices significa, si no soy tonta, que en el mundo hay muchos que carecen de lo que á otros les sobra. Eso ya lo sabíamos, y es cosa resuelta que no está en manos humanas el remediar ciertas desigualdades.

Orozco.

A veces falla esa regla pesimista, y es lástima no intentar el remedio cuando de ello hay ocasión. Examinemos el caso este concretamente y con la pura lógica. Después vendrá su aplicación á la práctica. Fíjate bien: la suma que representa la obligación de Benjamín Proctor es una cantidad negativa en nuestra riqueza, un menos tanto. Esa cantidad debió ser abonada íntegra por mí, y no lo ha sido. Luego la retengo indebidamente en mi poder, no me pertenece... Esto es claro como el agua.

Augusta.