En absoluto, sí.

Orozco.

Ya llegaremos á lo relativo. Sígueme ahora y calla. Conste que, en principio, esa suma no me pertenece. La razón es razón, y la lógica, lógica, y los números, números.

Augusta.

Pero...

Orozco.

Cállate. Que Benjamín Proctor haya vendido su deuda á Joaquín Viera, eso no es cuenta mía. El valor legal del crédito no crece ni mengua por los contratos á que da lugar, ni por las condiciones morales del poseedor. Que éste sea un modelo de honradez ó un pícaro redomado, no da ni quita la más mínima cifra al valor numérico de la deuda. Nada podrás objetar á esto. Por consiguiente, la cantidad representada por la obligación no es mía en este instante, sino de Joaquín Viera.

Augusta, rebelde á la lógica.

Pero, hijo mío, en la vida, en esta vida humana tan compleja, ¿se puede razonar de ese modo? ¿Se han tratado así los negocios alguna vez? Los escritorios de las casas de banca y de comercio, ¿están poblados de ángeles, ó son hombres los que en ellos trabajan?

Orozco.