Cisneros.
Lo que no puedes figurarte. Que eres un ingrato, un egoísta sin entrañas, y no sabes comprender la abnegación con que mira por tus intereses.
Orozco.
No creo que exista tunante más gracioso.
Cisneros.
Dice que por no chocar, y por darte una prueba más de benevolencia, acepta la proposición denigrante que le hiciste.
Orozco.
Denigrante..., eso es. Así la llama en la esquela que me escribió cerrando el trato. ¿Pues qué quería? He sido con él generoso hasta la esplendidez.
Cisneros.
Habías de oirle. ¡Qué lengua! Ya sabes que yo no me espanto de nada. Pues tuve que suplicarle mudara de conversación. En fin, que se marcha mañana.