Augusta y Malibrán entran en el palco. Villalonga, Orozco y Cisneros se detienen en el pasillo, donde aparece el conde de Monte Cármenes.

ESCENA IV

Orozco, Cisneros, Villalonga, Monte Cármenes.

Monte Cármenes.

Aquí estoy esperando á que se acabe el dúo. No puedo resistir al tenor, con ese braceo como si estuviera cogiendo moscas, y esa voz que parece la de un gato cuando le pisan la cola.

Villalonga.

¿Y cómo no dice usted bien, perfectamente bien?

Monte Cármenes.

Yo no juzgo al tenor, y si lo he juzgado, me desdigo. No me gustan juicios temerarios. Sólo que no me divierto oyéndole, y mientras él se gana el pan pegando gritos, yo salgo á fumar un cigarro.

Orozco.