Ay, hijo de mi alma, ¡qué bueno eres! Dame acá. Me hace una falta atroz. ¿Y tú, cómo estás de trampas y trópicos?
Federico.
Absolutamente desahuciado. No tengo salvación. Los compromisos son tales, y se van enredando de tal manera, que pronto daré el barquinazo gordo.
Leonor.
Ganarás, mico.
Federico.
Gane ó pierda, no puedo salir á flote. Me ahogo sin remedio. No veo ni aun probabilidades de evitar la insolvencia y la deshonra.
Leonor, con alma.
No te apures. Confía en Dios. Puede que te caiga alguna herencia.
Federico.