Orozco.
Vamos, también eso constará, si se empeñan en ello.
Santanita.
Y que toda nuestra gratitud, toda nuestra consideración y nuestro cariño son para usted, que se ha conducido con nosotros como un padre.
Orozco, riendo.
¡Ave María Purísima! ¡Qué exageración, qué tontería, qué final de comedia cursi!
Santanita, con efusión.
Y nosotros le reverenciaremos como hijos amantes y sumisos, porque nos ha dado medios de vivir honradamente y de combatir la miseria. La felicidad que llevábamos como en germen en nosotros mismos, usted nos la hace patente y efectiva.
Orozco, llevándose las manos á la cabeza.
¿Yo? Pues no me había enterado... ¡Qué manera de delirar!... No deis importancia á lo que no la tiene.