Augusta se encargó de tantear el terreno. Yo no quise hacerlo. Me asustaban esos relinchos que da tu falsa dignidad salvaje, y recalco la figura, porque verdaderamente es como un caballo sin desbravar... Adelante: mi mujer me ha dicho que no aceptas.

Federico.

Es cierto.

Orozco.

Dame una razón.

Federico, después de vacilar.

Porque no puedo, porque es absolutamente imposible que acepte.

Orozco.

Pero eso no es razón... Dame una, siquiera sea del tamaño de una lenteja.

Federico.