No me siento bien esta noche.
Orozco.
¿Qué tienes?
Federico.
Aquí, en el corazón..., no sé qué. No es dolor, no es punzada. Es una extraña sensación que al anochecer empezó á molestarme, y que se acentuó terriblemente al entrar aquí.
Orozco.
¿Te duele...?
Federico.
Exactamente dolor, no, no... Es más bien un estímulo, como ganas instintivas de meter los dedos por aquí; aquí, no sé si en el corazón ó un poco más abajo. Lo que más me mortifica es la idea..., sí, no te rías, la idea de que me aliviaré introduciendo los dedos hasta tocar la parte dolorida, mejor dicho, la parte afectada.
Orozco, sonriendo.