¡Es lástima, porque estarías tan bien...!
Federico, acometido de nerviosa risa.
Como estar bien, ya lo creo. Si otra cosa he dicho..., no hagas caso..., charla, sofistería. ¡Ay, no sabes cuánto apetezco la tranquilidad, aunque mi vida resulte de las más modestas; trabajar algo, tener seguros el hoy y el mañana, y luego una familia en cuyo seno encontrar el amor y la paz!
La Sombra.
Todo eso y mucho más podrás tener.
Federico.
¿Pero cómo pretendes tú que lo acepte de ti, habiéndote burlado como te burlé, habiendo pervertido á lo que más amas en el mundo, que es tu mujer?
La Sombra, con frialdad suma, sin accionar.
Empequeñeces el asunto subordinando su resolución á las fragilidades de una mujer. Elevémonos sobre las ideas comunes y secundarias. Vivamos en las ideas primordiales y en los grandes sentimientos de fraternidad; y cuando hayas acostumbrado tu espíritu á esta luz superior, comprenderás que el amor material queda en la categoría de instinto y es enteramente libre.
Federico.