Señorito.

Federico.

¿Has notado tú que, por la tarde ó al anochecer, mientras estamos aquí la señorita y yo ronde la casa alguna persona sospechosa, quiero decir, algún quídam que curiosee ó esté á la mira de quién entra y sale?

Felipa.

¡Ah!, no señor, no he visto nada, ni creo que...

Federico.

¿Ni te ha dicho nada la portera? Yo me figuro que el que fisgonea vendrá muy embozadito, y se situará en La esquina ó junto á la valla de la casa en construcción.

Felipa.

Por esta calle, que no es más que un deseo de calle, no pasa alma viviente, como no sean los tíos que viven en los muladares, y esos..., ¡pobrecitos!, ya quisieran ellos embozarse, y lo harían si tuvieran en qué.

Federico.