Mucha parte tiene en mi abatimiento.

Augusta.

¡Oh, no! Hay algo más. Un pajarito que á mí me lo cuenta todo, me lo ha dicho así.

Federico.

Mis cosas no están al alcance de los pajaritos cuenteros.

Augusta.

Yo te digo que sí lo están. Además, yo no necesito que las aves me traigan secretos al oído para saber los tuyos: La ciencia sola del amor me da suficiente penetración para comprender que tus afanes de estos días, y tu tristeza de reo en capilla, obedecen á... (Con arranque.) ¿Pero á qué vienen esas delicadezas y esos tapujos, tratándose de mí, que soy tu amiga del alma...

Federico, para sí.

Mi amiga no, mi amiga no.

Augusta.