Nada, es cosa puramente física: un dolor aquí. No, no es dolor, una opresión; tampoco es opresión: un estímulo, no sé qué...

Augusta.

Pobretín. ¿Dónde? ¿Aquí? (Le frota suavemente el costado izquierdo.) ¿Se pasó ya?...

Federico.

No se pasa, no. Sensación más rara no creo que exista. Me gustaría poder meterme los dedos por aquí hasta tocarme el corazón.

Augusta.

¡Mimoso, aprensivo!... Pero estamos hechos aquí un par de tontos, olvidando la cenita que he mandado preparar. Tengo hambre. ¿Y tú?

Federico.

¿Yo? Pues mira, que sí. Mi desgana se ha convertido súbitamente en un apetito brutal.

Augusta, riendo.