¿Qué es eso de embriaguez pasajera, chiquillo tonto?

Federico.

Ni sé lo que digo.

Augusta.

¿Me tomas á mí por una de esas á quienes se adora durante media noche?

Federico, para sí.

Si le dijera que sí, concluiríamos mal. (Alto.) No, vida mía; quiero decir que esta excitación, si durara, sería penosa.

Augusta.

Déjala que dure. ¡Ay, quieres acortar los pocos instantes deliciosos de la vida! Olvidemos lo de fuera, y revolvámonos libres y gozosos dentro del mundo que encierran estas cuatro paredes. El otro universo se queda allá, navegando en el piélago inmenso de su insipidez.

Federico, ligeramente excitado.