Sí; me pongo mi mantón, y allá me voy. Luego, cuando te suelten, nos iremos del bracete por esas calles, y entraremos en las tabernas, siempre juntitos, á beber unas copas... ¡Ay, qué feliz soy esta noche!
Federico.
Y yo más que tú. Esta embriaguez nerviosa renueva y entona la vida. Aceptémosla con júbilo, vivamos.
Pausa muy larga.
Augusta.
¿Duermes, vida?
Federico.
No; despierto estoy.
Augusta.
¿Te sientes mal?