Federico, despejándose un poco, se pasa la mano por los ojos.

No; esto no es, esto no puede ser real... (A Augusta.) Leonor, ¿tú le ves?

Augusta, sorprendida.

¿A quién?

Federico.

Está ahí...

La Sombra, desvaneciéndose.

Esa tonta dirá que no me ve; pero viéndome está.

Augusta, con ira.

¿Qué nombre me has dado?