Augusta.

¿Qué has hecho..., vida mía?... (Palpándole y buscando la herida.) ¡Ah!, no será nada...

Felipa.

No veo sangre... (Se mancha de sangre la mano.) ¡Ah!, sí..., mire usted. Por aquí, en este costado.

Augusta, consternada.

Amor mío, ¿qué has hecho? Estás herido... Pero no, no será de gravedad. Respiras, vives... ¡Mírame, por Dios...; mírame y háblame!

Federico, tratando de apartarla de sí.

Déjame... No ha sido nada. Me siento bien ahora. (Con rápido movimiento recoge del suelo el revólver.)

Augusta.

¿Que quieres, qué buscas? Dame acá. (Las dos tratan de quitarle el arma. Entáblase violentísima lucha, en la cual Federico desarrolla considerable fuerza muscular. Consigue desasirse de ellas.)