Felipa, señalando al fondo.
Por allí... Parece que se cae... Señorito, por Dios, no sea loco. (Ambas tratan de seguirle.)
Augusta, avanzando decidida en la obscuridad.
No le abandono, suceda lo que quiera... Alma mía, ¿dónde estás? Aguarda. Tengo que hablarte..., escucha...
Federico, cuya voz se oye muy lejana.
Leonorilla, no me sigas. Procura ser buena. Yo..., así. (Suena el tiro. Las dos mujeres se detienen espantadas.)
Augusta.
Me muero... ¡Jesús, ampárame!
Felipa, avanzando, se inclina y palpa el terreno.
Por aquí... ¡Ay, aquí está!... (Tocando el cuerpo exánime.) ¡Qué miedo!... (Para sí.) Más muerto que mi abuelo... ¡Eh!, ¿qué es esto?... La condenada pistola. (Recoge el revólver.)