Augusta, da algunos pasos despavorida, y cae de rodillas.

Yo también...

Felipa.

Señorita, ¿dónde está usted? No veo. (Buscándola. Recuerda que lleva en su mano el revólver.) ¿Y qué hago yo con este chisme? No se me vaya á disparar. (Lo arroja por detrás de una empalizada próxima.) Señorita, deme la mano... (Encontrándola, la levanta del suelo con vigoroso esfuerzo, tirándole de los brazos.) Vámonos de aquí... pronto... Puede venir gente.

Augusta.

Que venga. No me importa.

Felipa.

¡No me comprometa, por Dios!... Vámonos. (Tirando de ella.) Si ya no tiene remedio... Que no nos cojan aquí.

Augusta, atolondrada, insensible.

¿Adonde me llevas?