Hombre sin igual es éste. Todo lo sabe y parece que lo ignora todo.

ESCENA XI

Tocador de Augusta. Es de noche.

Augusta, doliente, recostada en un sofá; Felipa, en pie, delante de ella.

Augusta.

¡Gracias á Dios que vienes á tranquilizarme!

Felipa.

Dos veces estuve aquí esta mañana; pero la señorita dormía y no quise molestarla.

Augusta.

¡Dormir! No he descansado desde aquel momento terrible... No sé si esto es dormir ó no; ignoro si mis impresiones son fingidas ó reales; estoy como idiota, Felipa, y el temor que llena mi alma no me permite ordenar los recuerdos ni apreciar lo sucedido. Ni aun puedo formar juicio de mis acciones desde aquel instante, ni de cómo vine aquí. Cuéntame lo que ha pasado después. Estoy en ascuas. ¿Qué hiciste? ¿Se ha descubierto? Dímelo todo, sin ocultarme cosa alguna, por terrible que sea.