Augusta, envuelta en su cachemira, se acomoda en una butaca junto á la chimenea, muy cargada de lumbre; Orozco, junto á la mesa, en la cual hay una lámpara encendida.
Orozco.
Qué... ¿tienes frío?
Augusta.
Un poco; pero ya voy entrando en calor. (Para sí.) No sé por qué, tiemblo. Su mirada me desconcierta.
Orozco.
No es tarde. Si te encuentras bien, hablaremos un poco de asuntos que á entrambos nos interesan.
Augusta.
¿Asuntos?... Tú siempre discurriendo empresas ó aventuras humanitarias...
Orozco, interrumpiéndola.