No es eso...
Augusta.
Vale más que te acuestes y descanses.
Orozco, acercándose á ella.
Descansaría si pudiera. Pero por mucho dominio que uno tenga sobre sí propio, por grande que sea nuestra energía para disciplinar las ideas, hay ocasiones, querida, en que las ideas ahogan la necesidad de reposo, y el sueño es imposible.
Augusta, para sí, con espanto.
Llegó el momento de las explicaciones. Estoy perdida. ¿Lo sabe, ó desea saberlo? (Mirándole fijamente á los ojos.) ¿Quién podrá descifrar el jeroglífico de ese rostro de mármol?
Orozco, para sí, mirándola á su vez con atención profunda.
¿Será capaz de confesar? Me temo que no.
Augusta, para sí.