No nos acobardemos. Me adelantaré gallardamente á sus preguntas. (Alto.) ¿Por qué me miras así? ¿Es que quieres decirme algo y no te atreves?

Orozco.

Te observo temerosa, y esperaré á que te tranquilices.

Augusta.

¡Temerosa yo! (Para sí.) Fingiré un valor que no tengo... Hasta para confesar lo necesitaría, pues si me rindo, conviéneme hacerlo con dignidad.

Orozco.

Ya sé que eres valiente. No necesitas demostrármelo con palabras. Yo también lo soy, más que tú, mucho más, pues tengo ánimo suficiente para poner la verdad por encima de los afectos grandes y chicos, para reducir á la insignificancia las pasiones cuando contradicen el sentimiento universal.

Augusta, para sí.

Desvaría. El delirio humanitario se ha apoderado de él. Esto me envalentona. Veámosle venir.

Orozco.