¡Confesar!, esto me aterra. Si él fuera más hombre y menos santo, tal vez...

Orozco.

¿No contestas á lo que te digo? Descúbreme tu interior; pero con efusión completa.

Augusta, para sí.

Lo sabe y quiere arrancarme la confesión. ¿Cómo lo habrá sabido? ¿Se lo dije yo? Esta duda me vuelve loca. Tomemos la ofensiva. (Alto.) ¿Qué quieres que te descubra? ¿Sospechas de mí? Empieza por decirme en qué se funda tu suspicacia, y yo veré lo que debo contestarte.

Orozco, con determinación.

Inútiles y ridículos escarceos. Vale más que hablemos con claridad. Desde que apareció muerto Federico, tu nombre anda en lenguas de la gente. No necesito añadir más. Lo que haya de verdad en esto, tú me lo has de decir. Si es falso, desmiéntelo; si no lo es, que yo lo sepa por ti misma. Esta ocasión es solemne, y en ella he de saber quién eres y lo que vales.

Augusta, turbada.

¿Pero tú... crees...?

Orozco.