Curiosidad por curiosidad, creo que la mía debe llevar la preferencia. Habla tú primero.
Augusta.
Sin duda algún amigo nuestro, de los que te tienen envidia y mala voluntad, ó amiga mía, chismosa y visionaria, te ha... (Impaciente.) ¿Por qué medio adquiriste esas ideas?
Orozco, con ligera inflexión festiva.
Por adivinación.
Augusta.
No creo en las adivinaciones. (Para sí.) Virgen Santa, mis temores se confirman... Anoche, en aquel delirio estúpido, canté... ¡Si lo tengo bien presente!... ¡Si no se me ha borrado del cerebro la impresión de lo que hice y dije!... ¡Miserable de mí, vendida neciamente! Si ahora me obstino en negar... (Alto, tragando saliva.) Explícame ese misterio de las adivinaciones.
Orozco.
Tú lo has dicho: misterio es de nuestra alma. Pero, en este caso, el poder mío revelador ha tenido auxiliares.
Augusta.