Orozco.
No te metas á hacer figuras, Pepe, que armas unos líos... Por supuesto, yo desconfío siempre de la voz pública, así cuando vitupera como cuando alaba, y creo que rarísima vez acierta.
Aguado.
Pues aguantar el chubasco, señor mío. De usted se dicen horrores: que costea solo ó casi solo las obras del Correccional para chicos; que le comen un codo las Hermanitas de la Paciencia; que viste todo el Hospicio dos veces al año, y qué sé yo...
Orozco.
Más vale que les dé por ahí. Yo también pienso echarme á panegirista de los amigos; diré que el señor de Aguado fundará un asilo para cesantes de Ultramar.
Aguado.
¿Yo? Que los parta un rayo. Eso sí que no lo creerá bicho viviente. Para que me asilen estoy yo, no para asilar á nadie. Desnudo fuí y desnudo vine.
Cisneros, terminando una jugada.
Ea..., entregarse... No puede usted conmigo.