Federico.

¡Qué noche tan clara y serena! Se ensancha el alma mirando el cielo estrellado y espaciándose por ese azul inmenso. Las noches de Madrid son mejores y más bellas que los días, y en mi opinión, toda la vida, la política, los negocios, el comercio y la poca industria que hay, debiera hacerse de noche.

Infante.

A eso vamos.

Federico.

¡Mira ese cielo; pero míralo, hombre. Observa qué templado ambiente!

Infante.

Sí, sí; pero no varíes la conversación. Oye una cosa. Dice Schopenhauer que cuando sufrimos un fuerte dolor físico, si nos ponemos á analizarlo, aplicando á él todo nuestro espíritu con insistencia, el dolor se alivia.

Federico.

¿Te has consolado así? Vaya, menos mal.